Cuando he mirado el reloj de mi mesilla me he dado cuenta de que faltaban apenas veinte minutos para que mi madre volviera de trabajar. Al girar la cabeza y encontrarme con la mirada de Jack me ha importado realmente poco la hora que era y una parte de mi ha deseado que ese momento durara para siempre.
Mis ojos se han encontrado con su azulada mirada y su hechizadora sonrisa ha obligado a mi rostro a dibujar la misma expresión. Ha extendido una mano y me ha retirado el pelo de la cara para besarme una vez más.
- Deberías irte ya. Mi madre llegará enseguida.
- Que mala suerte...
- ¿Mala suerte?
- Sí. Si no fuera porque viene tu madre me quedaría aquí para siempre.
Una vez más me he ruborizado con sus palabras. Se ha levantado y se ha vestido bajo mi atenta mirada. Me he puesto los pantalones y la camiseta y le he acompañado hasta la puerta.
- Hasta mañana
- Chao
Me ha empujado la barbilla hacia arriba con la mano que la mochila le dejaba libre y ha hecho que mis ojos se encontraran de nuevo con los suyos y me ha besado antes de irse.
Nada más marcharse he oído sonar mi móvil en mi habitación. Era Adam. He dudado si contestar o no, pero al final lo he hecho.
- ¡Hola Eve!
- Hola Adam
- ¿Te pasa algo, cielo?
- No. ¿Por qué lo preguntas?
- No se, te noto algo extraña
- Es que no me encuentro del todo bien – He dicho para disimular
- Oh, vaya, entonces no te apetecerá salir esta tarde
No. La verdad era que no. Parte de mi se sentía avergonzada por lo que había ocurrido y esa parte era la que no quería ver a Adam.
- Como quieras. Aunque prefiero que veamos una peli en mi casa
- Estupendo. Te veo esta tarde preciosa. Adiós
- Chao
¡IDIOTA! Eso es lo que pensé nada mas colgar el teléfono. A pesar de no tener muchas ganas de verle, le había abierto las puertas de mi casa. Iba a venir a mi casa y, lo que es más, pasaría la tarde en mi habitación. La habitación donde hace menos de una hora Jack y yo hemos desatado nuestra pasión.
De pronto la claridad ha vuelto a mi mente. He abierto los ojos y rápidamente me he separado de él. Mi rostro estaba pálido y una voz en mi interior repetía “¡¿Que has hecho?!”. Ha extendido los brazos hacia mí y me ha agarrado por los codos para acercarme de nuevo a él. Manipulable. Me he quedado totalmente manipulable. Dominable, como una muñeca de trapo. Me ha abrazado y yo he acomodado mi cabeza en su pecho sin saber una vez más porqué estaba haciéndolo.
- Gracias - me ha susurrado mientras me rodeaba con sus atléticos brazos.
- Deberíamos marcharnos antes de que nos encuentren – He dicho mientras me liberaba de la coraza de sus brazos. Me he acercado a la puerta, he comprobado que el pasillo estaba despejado, he salido silenciosamente mientras sentía a Jack siguiendo cada uno de mis pasos.
Hemos tenido suerte y nadie nos ha visto salir del instituto. Aún quedaban cuarenta y cinco minutos de clase cuando salimos por completo del centro. Caminábamos en silencio por una calle cercana, mi voz interior me reprochaba mi comportamiento “la has cagado”. Deseaba que se callara aunque tuviera razón.
He notado que cada vez era mayor la tensión que se respiraba en el ambiente. Jack ha intentado romper el incomodo silencio por lo menos en cinco ocasiones hasta que por fin lo ha hecho.
- ¿No piensas abrir la boca en los cuarenta minutos que quedan antes de volver a clase? – Me he encogido de hombros como respuesta – Haz lo que quieras, pero has sido tu la que me ha besado.
Su comentario ha hecho que me parara en se en medio de la solitaria calle.
- Lo siento, pero es la verdad – continuó.
- Déjalo, ¿vale? Ya se que he sido yo, pero preferiría que lo olvidaras.
- Evelyn, me pides cosas muy difíciles.
Un fuerte suspiro ha salido de mis pulmones dejando reflejar en mi cara una expresión que estaba a caballo entre el enfado y la preocupación.
- Estoy seguro de que no lo olvidaré, pero lo guardaré en secreto, lo prometo. No te preocupes.
- Gracias.
- Solo dime una cosa, ¿por qué lo has hecho?
- Déjalo.
- Solo quiero saber porqué
- No lo sé
- ¿No lo sabes?
- No. Y ahora por favor déjalo.
Jack ha asentido y hemos continuado andando por la calle. De vez en cuando le miraba de reojo y también sentía cada poco tiempo su mirada fija en mí. A pesar de parecer haber pasado mucho tiempo aún quedaban 30 minutos para volver cuando ha dicho:
- Sigues sin hablar
- ¿Qué quieres que te diga?
- ¿Qué tal todo con Adam?
- Bien.
- ¿Estás segura?
- Si, ¿por qué iba a ir mal?
- No lo sé – ha reído como si hubiera hecho un chiste – Sólo preguntaba.
He sonreído al verle reír de esa manera. El viento traía pequeñas gotas de lluvia desde hacía por lo menos diez minutos. Gotas minúsculas e insignificantes, pero pronto se ha convertido en un repentino chaparrón que nos ha empapado. Hemos empezado a correr y nos hemos refugiado de la lluvia en un portal. Me he sentado en el suelo y Jack se ha sentado a mi lado.
Nos hemos mirado y nos ha dado la risa.
- Estás empapada – dijo retirándome el flequillo del ojo derecho.
- Tú también.
La verdad es que a parte de empapado estaba más guapo que nunca. El agua chorreaba por su azulado pelo descendiendo por su cara hasta gotear por la barbilla. Le he pasado la mano por la cara para quitarle el agua que le caía incesablemente y al llegar a la altura de su mandíbula ha girado el rostro para besarme la mano. Mis verdes ojos estaban fijos en él. Ha levantado la mirada y una vez más nuestras miradas se han encontrado. Yo estaba arrinconada en el portal y él, frente a mi, cada vez aproximaba más sus labios a los míos.
Me ha besado y yo le he devuelto el beso. He hecho callar a la voz de mi interior que me obligaba a detener la escena. Reconocía perfectamente ese lugar, ese portal. Era mi casa. He introducido la mano en el bolsillo de mi chaqueta y he sacado las llaves. He abierto la puerta y sin dejar de besarnos nos hemos deslizado al interior del portal.
El ascensor tardaba demasiado en venir, apresuradamente hemos subido las escaleras.
He abierto la puerta, las mochilas junto a ella. Sus manos desnudándome y las mías en su húmedo pelo, sus labios en los míos y los pies de ambos dirigiéndose a mi habitación donde los veinte minutos que restaban para regresar al instituto se han convertido en horas.
Me he sentido fatal al verle esta mañana después de lo que hice ayer, aun así él se ha acercado a mi como cada mañana. El viento movía su azulado pelo incesablemente y el sol brillaba lo suficiente como para crear un destello en el piercing de su labio inferior que dibujaba su particular sonrisa. Mi sentimiento de culpa me ha obligado a pedirle disculpas por lo ocurrido a la salida del día anterior y aunque mi cerebro se ha resistido he conseguido encontrar las palabras y que salieran por mi boca.
- Jack, quería... quería pedirte disculpas por marcharme ayer casi sin despedirme.
Jack ha negado con la cabeza y se ha sentado a mi lado. Tal vez más cerca de lo que me hubiera gustado en un primer momento, pero cuando lo ha hecho no me ha importado.
- No pasa nada, es lógico que corras cuando Adam viene a buscarte.
Cuando ha dicho su nombre su tono ha cambiado. He podido observar que momentáneamente su sonrisa ha desaparecido y que sus ojos han centelleado. Ha agachado la cabeza unos segundos y su extenso flequillo me ha impedido verle la cara. He cerrado mi libro y con mi mano derecha le he girado el rostro hacia mí. ¡Dios! ¿Por qué lo habré hecho? Su mirada profunda era triste lo que me ha hecho sentir aun más culpable. Al ver que le miraba con cierta culpabilidad, su boca ha dibujado una media sonrisa. Se ha puesto de pie frente a mí y ha empezado a reír cuando he dirigido mi mirada aun triste hacia él.
- Eve, ¿de veras creías que me había enfadado?
Me encanta como pronuncia cada una de las letras de mi nombre. Cuando lo hace siento como si miles de hormigas hicieran un desfile militar por todo mi cuerpo.
Atónita por su reacción he asentido al tiempo que agachaba la cabeza lo que le ha provocado una carcajada aún mayor. Se ha agazapado frente a mi y con su dedo índice bajo mi barbilla a conducido mi cara a escasos centímetros de la suya.
- Jamás podría enfadarme contigo.
El timbre ha sonado justo en ese momento. El recreo se me había hecho corto y no esperaba el estrepitoso sonido de la campana tan pronto. Se podría decir que, por un lado la campana me ha dado un susto de muerte, pero por otro ha evitado que cometiera un error.
Me he levantado rápidamente y me he dirigido hacia mi clase después de despedirme de él, pero mientras me alejaba Jack me ha agarrado de la muñeca e instintivamente me he girado. Para mi sorpresa estaba más cerca de lo que esperaba por lo que casi choco contra su fuerte cuerpo. Sus ojos reflejaban una felicidad extrema y su sonrisa acompañaba a la mirada. Ha acercado sus labios a mi oído y mi pulso se ha acelerado descontroladamente.
- No me apetece ir a clase, ¿te vienes a dar una vuelta?
El cerebro se me ha helado y mi cara creo que ha reflejado la perplejidad que el momento ha creado. Ante la ausencia de ninguna respuesta por mi parte Jack ha continuado.
- No tengo moto, pero creo que eso no es muy importante...
Me he reído, le he mirado y con una amplia sonrisa que ni se acercaba a la que su cara dibujaba me he decidido a hablar.
- Vámonos antes de que nos vean.
Su sonrisa ha aumentado aún más, en ocasiones pienso que no tiene fin, y hemos salido del edificio. ¡Maldición! La profesora de matemáticas se acercaba sospechosamente a nosotros y Jack ha tirado de mí para meterme en los servicios.
- Esperaremos un rato aquí hasta que la huída sea segura – ha dicho dándole un toque de misterio a su voz.
Sin darme apenas cuenta estábamos escondidos detrás de la puerta del baño de los chicos. No se porqué mi cuerpo estaba totalmente pegado al suyo y sentía su respiración en mi pelo. Al alzar la cabeza para mirarle he observado que me miraba fijamente. Sin poder evitarlo he fijado mis pupilas en las suyas que me han abducido dejándome de nuevo la mente en blanco.
Sonreía sin parar y su aliento chocaba contra mi cara aumentando una pequeña chispa de deseo que se había encendido en mi interior. He suspirado y sin detenerme a pensar en lo que estaba haciendo, lentamente he acercado mis labios a los suyos haciendo que se fundieran en un ardiente beso que se me apetecía eterno.
He vuelto a perderme. Todo ha ocurrido esta mañana, ha subido al autobús y se ha sentado a mi lado. Le he mirado, me ha sonreído y de pronto me he visto sumergida en el océano de su mirada. Esos ojos me pierden.
Ha empezado a hablarme pero no he sabido que decir. Una vez más mi cerebro me ha traicionado. Ha expulsado todo de mi cabeza, excepto la absurda idea de que en el fondo le quiero, y me ha dejado muda.
Y ahí estaba yo con cara de panoli mirándole fijamente mientras nos dirigíamos al instituto.
- Evelyn, ¿estas bien? – ha dicho pasando su mano por delante de mis ojos.
- Si – he parpadeado dos veces rápido y he girado la cabeza para dejar de mirarlo – Estoy bien.
No. No estoy bien. No se que es lo que me pasa pero no estoy bien.
He decidido cambiarme de sitio en clase, no sirve de mucho pero al menos no estaré a su lado. El simple hecho de que me pregunte susurrando cada una de las dudas que tiene me desconcierta y muchas veces, aunque abra la boca, las palabras no pasan de la garganta. De momento hoy lo he conseguido, apenas he estado con él, pero una parte de mí tiene miedo a perder su amistad.
A la hora de salir de clase todo ha cambiado. Se ha acercado a mí por la espalda y ha intentado comentarme algo. No le he dejado ni empezar y me he despedido.
Me estaba esperando sentado sobre su moto ya arrancada, con su casco en una mano y el mío en el otro. El viento le empujaba el pelo hacia la cara, se pelo negro que tanto me gusta acariciar. He salido corriendo y al llegar a su lado le he retirado el pelo de la cara para poder besarlo.
- ¡Buenas tardes Eve!
Estaba de buen humor. Me ha dado mi casco y me he subido a la parte trasera de su Yamaha. Me encanta esa sensación de velocidad cuando me lleva a casa.
Mientras nos alejábamos no he podido evitar mirara atrás y fijarme en como esos índigos ojos me seguían tristemente. En ese instante una parte de mi ha llorado y otra ha reído.
Reía de satisfacción, me he sentido triunfante. Al fin y al cabo tenía lo que quería. Mentira. Jamás quise verlo triste. Jamás quise ignorarle de esa manera.
¿Qué he hecho? Ahora si que ya no se que hacer y me siento totalmente perdida en medio de un laberinto del que no sé cómo salir.
No se como he llegado a este punto. Quiero decir, no se como he podido ser tan estúpida de volver a caer en la misma confusión.
Después de lo que me costó darme cuenta de que no le quería viene sonriéndome con su cara de ángel.
“Solo es un gran amigo” Me repetí una y otra vez hasta estar segura de ello. No se si fue autoconvencimiento o simplemente una verdad aceptada. Lo que si que se es que ahora no le quiero. No, ahora no.
Ahora ya me aparte de sus posibilidades. Deje de preguntarme que hacer y me fui cuidadosamente a un lado para no perder su amistad. Ahora no puede querer más. Sabe que no puede. Sabe que ya encontré a la persona que me hace sonreír. Y sabe, o debería saber, que esa persona no es él.
¿Por qué es todo tan complicado? ¿Por qué no puede conformarse con ser sólo mi amigo? Y, ¿por qué tiene que mostrar esa dulce sonrisa cada vez que me mira?
Hace que me de un vuelco el corazón. Siento como si se me fuera a salir del pecho cada vez que sus infinitos ojos azules se clavan en mi cara y entre sus rosados labios deja entrever esos blanquísimos dientes.
No. Tengo que alejar esa idea de mi mente porque no son esos ojos los que me tienen. No son esos labios los que me susurran al oído. No, no es él y mi corazón debería darse cuenta de una vez por todas y dejar de jugarme esas malas pasadas. O quizá no sea el corazón. Quizá sea el cerebro, ese mismo que ahuyenta las palabras cuando le miro cambiándolas por la dulce imagen de esos ojos tan profundos...
Me siento como una idiota. ¡Estúpida!. Dejarme llevar por la marea de sus ojos. ¡¿Cómo se me ocurre?! Dejar que me aturda con sus siseantes palabras. ¡Estúpida! ¡Pequeña niñata estúpida! Jamás dejare de repetirlo. No me lo puedo creer. ¿Cómo he llegado a este punto?
El simple hecho de verle cada mañana, es...no se como describirlo.
- Buenos días – dice casi susurrando cuando pasa a mi lado con esa interminable sonrisa.
Y yo, como una tonta, me quedo mirándolo y lo único que puedo articular es un insustancial “hola”. ¿Hola? ¿Qué clase de respuesta es esa a la sonrisa más maravillosa que jamás hayan divisado mis ojos? Pues una respuesta estúpida, como yo. Estúpida por intentar no pensar en él. Estúpida por pensar en como dejar de pensar en él. Y al mismo tiempo pensándole continuamente...
on Lluvia